Un metrónomo - un instrumento que probablemente todos asociéis a la música.
Hoy quiero que veamos a este instrumento bajo otra luz distinta. Quiero que escuchemos juntos otro tipo de cadencias, otro tipo de ritmos que hay en nuestro mundo.
Por ejemplo, este es el sonido de la enfermedad (34 bmp). Cada golpe del metrónomo, muere una persona en el mundo por enfermedades comunes tratables con menos de un euro.
(Andante, 64 bpm) - Este es el sonido del hambre. Cada golpe, una persona muere de hambre en el mundo.
(Prestísim, 200bmp) - Este es el sonido de la guerra. Cada golpe, el mundo se gasta 10.000 € en armamento.
Compañeros Toastmasters, invitados... Hace apenas 65 años, después de la orgía de sangre y miseria que fue la segunda guerra mundial, la gente, cansada de matarse los unos a los otros dijeron "Basta!" y reunidos en San Francisco, declararon:
"Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles, hemos resuelto unir nuestros esfuerzos para promover la paz, la tolerancia, el progreso económico y social."
....y sin embargo... antes de que haya terminado de hablar, alguien en el mundo 1 habrá pisado una mina antipersona, 5 habrán muerto en alguna guerra, 11 niños habrán muerto de malaria, 20 de diarrea , 24 de neumonía , 77 de hambre , y130 de enfermedades tratables . Todo esto en siete miserables minutos.
¿Por qué? ¿Quién es el responsable? ¿Multinacionales? ¿Dictadores? La respuesta es mucho más sencilla, más terrible, mas contundente de lo que nos esperamos. Es tan sencilla que cabe en esta cajita.
(se muestra un espejo)
Sí amigos, el único responsable de esta situación nos contempla desde el espejo.
Diariamente, muchos de nosotros ni siquiera concedemos a estas desgracias nuestra indiferencia. Porque hay indiferencia cuando algo nos da igual. Pero es que ni siquiera llegamos a eso. Ni siquiera pensamos en ellas. Únicamente salimos de ese letargo cuando ocurre algo verdaderamente pavoroso, como el terremoto de Haití, a pesar de que cada año de hambre mueren el equivalente a 100 terremotos de Haití.
Gandi decía que para que gane el mal, es suficiente con que los buenos no hagamos nada.
Pero ¿Cómo podemos hacer algo? ¿Cómo podemos cambiar el mundo?. Un obispo anglicano de hace casi mil años nos dice
"Cuando era joven y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo. Según fui haciéndome mayor, pensé que no había modo de cambiar el mundo, así que me propuse un objetivo más modesto e intenté cambiar solo mi país. Pero con el tiempo me pareció también imposible. Cuando llegué a la vejez, me conformé con intentar cambiar a mi familia. Pero tampoco conseguí casi nada. Ahora, en mi lecho de muerte, he comprendido una cosa: Si hubiera empezado por intentar cambiarme a mí mismo, tal vez mi familia habría seguido mi ejemplo y habría cambiado, y con su inspiración y aliento quizá habría sido capaz de cambiar mi país y -quien sabe- tal vez incluso hubiera podido cambiar el mundo. "
Hoy, aquí y ahora, quiero pediros algo mucho más difícil que cambiar el mundo. Quiero pediros un cambio en vosotros mismos.
Hace 2500 años Confucio dijo que es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad. Quiero pediros que encendáis esa vela.
Os he dejado unos sobres. En cada uno de ellos encontraréis una hoja en blanco, y una vela. Propongámonos llenar esa hoja con historias de acciones buenas y generosidad. No esperemos a que surja la ocasión de ayudar a alguien, de tener un gesto amable - busquémosla activamente. Y tras acción, encendamos nuestra vela un rato.
Podríais decir ¿qué importancia puede tener lo que yo haga ante la inmensidad de las desgracias del mundo? Es sólo una gota de amabilidad en un océano de sufrimiento.
En este sentido, me gustaría contaros una historia. Un hombre se encontraba paseando por la orilla del mar cuando vio a un joven que periodicamente se metía en el agua, removía un poco la arena, scaba una estrella de mar y la arrojaba a lo lejos. Intrigado, el hombre se quedó mirando esta actividad durante un largo tiempo y al final no pudo resistir la tentación y le preguntó:
-¿Qué estás haciendo?
-La marea está bajando, señor, el sol está alto y si no hago nada, estas estrellas de mar quedarán al descubierto, se secarán y morirán.
- Pero... ¡insensato! ... ¿Acaso no sabes que la playa tiene cientos de kilómetros de longitud? Hay miles y miles de estrellas. ¿Qué diferencia puede suponer lo que estás haciendo?
El joven, en lugar de contestar, de nuevo se agachó, removió entre la arena y sacó con delicadeza otra estrella. La contempló un rato, y la arrojó a lo lejos.
- Señor; para esta estrella, sí hubo una diferencia.
["The Star Thrower", Loren Eisley]
Que fantástico sería reunirnos dentro de un año, compartir las historias que hemos escrito y comprobar que ha habido un poco más de luz en la oscuridad.
Encendamos todos una vela. Seamos nosotros el cambio que queremos para el mundo. Encontremos cada uno nuestra estrella a la que arrojar de vuelta al mar.